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14 December 2009

(Español) La marcha mundial por la Paz y nuestras marchas en Nicaragua

(Español) Recibimos el siguiente e-mail justo antes de nuestra llegada en Nicaragua…

Estimados hermanos:

El día 21 de noviembre en Managua, Nicaragua, se realizaron dos grandes marchas políticas y partidarias que se visualizaban como un choque de trenes con un gran derramamiento de sangre si se llevaban a cabo, según los planes de los organizadores y activistas del gobierno y de la oposición.
En aquel escenario se escribió el presente artículo “La Marcha Mundial por la Paz y las nuestras en Nicaragua”. El contenido de fondo fue considerado por vastos sectores como pertinente, porque llamaba a desmontar el espíritu de confrontación y buscar salidas sensatas y constructivas.

La referencia a la Marcha Mundial por la Paz y la visión que de ahí se desprendía, produjo frutos anticipados a la llegada de la Comitiva Mundial, cuyo eje ético es “un mundo sin guerras”, o sea, que aún estando a miles de kilómetros, el testimonio de tal iniciativa incidió en Nicaragua, a nivel tal que se realizaron las marchas en tiempos distintos, en rutas diferenciadas, con mucha condescendencia y respecto al otro y un gran espíritu de flexibilidad de parte del gobierno, estableciéndose el precedente de una gobernabilidad que propició la seguridad y es capaz de asegurar el bienestar de la sociedad.

Fraternalmente,

Rev. José Miguel Torres
Director Área Socio-Religiosa
Instituto “Martin Luther King”
UPOLI

Articulo: La marcha mundial por la Paz y nuestras marchas en Nicaragua

Todos sabemos que el 2 de octubre de 2009 – día del nacimiento de Gandhi-, se inició una marcha mundial que salió de Oceanía, atravesó Asia, Siberia, Europa, pasaron al África, saltaron a América del Norte y culminarán en Tierra de Fuego, Argentina, con el fin de fortalecer la conciencia de la paz, esta acción mundial convocó este Año Internacional de la Reconciliación a celebrar en todas las naciones, miles de eventos y actividades que hagan eco de sus pisadas y que lleguen a todo el mundo.

En la Biblia las marchas fueron peregrinajes en la inseguridad, como el de Abraham, que obediente al llamado de Dios salió a caminar miles de kilómetros sin saber a donde iba y por ello fue el padre de la fe, heredero de una promesa de bendición para todas las naciones de la tierra. El Éxodo del pueblo de Israel de Egipto, en pro de la justicia, fue una marcha de la opresión a la liberación hacia la tierra prometida en la que la presencia de Dios les abrió avenidas en el mar al paso de la caminata del pueblo.

A los cristianos se les llamaba los del camino porque el camino es el lugar del encuentro con Dios y caminan los que tienen una esperanza de un mundo mejor.

Pablo A. Cuadra decía que el pueblo nicaragüense siempre fue exódico, transeúnte, peregrino. Según Vania Bambirra, la historia de las agresiones convirtieron al nicaragüense en un ser en migración, caminante por el mundo.

En los años 80, hubo dos grandes marchas contra la agresión impuesta por el imperio: El vía crucis católico de Xalapa a Managua, encabezado por el padre Miguel D´Escoto y la marcha de la Solidaridad Evangélica de Nueva Guinea a Managua, conducida por este servidor, ambas de 350 kilómetros a pie durante 12 días y sus noches. Fueron formas de lucha, de ayuno, oración, que resonaron en la conciencia mundial y despertaron hermandades que fueron murallas de contención al guerrerismo y armamentismo de Reagan y su gobierno criminal y destructivo.

Hoy después de todo lo vivido, nuestro pueblo es convocado por sus dirigencias a nuevas marchas, tal vez más partidarias, lamentablemente se olvidan los esfuerzos hechos por ser un pueblo reconciliado, salen a flote los profundos desacuerdos de 200 años, se cae en la animadversión, intolerancia descalificación y exclusiones. Las élites y familias económicas que siempre llevaron a la guerra a la mitad de Nicaragua contra la otra mitad para defender sus riquezas, hoy a través de aparatos políticos y medios de comunicación exacerban y traen a la memoria los estereotipos que se utilizaban en tiempos de guerra o conflicto bélico para justificar la eliminación del contrario con la perspectiva maniquea que el malo está al otro lado de la acera.

Se nos olvida que el pueblo siempre puso los muertos y que por ello rechaza la violencia en su anhelo de paz, justicia social, desarrollo humano, superación de desigualdades y brechas económicas y la búsqueda de la seguridad, alimentación, salud, educación, equidad en las oportunidades, satisfacción de las necesidades básicas, tranquilidad, superación de las contradicciones de clases, razas, etc.

Este domingo el sacerdote católico, P. Edgar Estrada en su sermón en catedral habló de una realidad demoníaca en las intenciones de políticos y de toda la clase política del país. Esta es una realidad que se nos olvida porque tenemos una noción ingenua del mal y del pecado, lo reducimos a expresiones superficiales de debilidades de la carne y el pecado es más una perversidad de la mente, una transgresión al amor y designios de Dios; por ello la realidad demoníaca son fuerzas personificadas de maldad que desordenan las conciencias, aniquilan la voluntad del bien, el perdón la compasión, dislocan los pensamientos y sentimientos generan odio, rechazo de Dios y con ello sed de venganza y sabor de la sangre hermana como Caín, llevamos una profunda hostilidad en el alma que envenena el ser interior y enferma la sociedad actual, visible en tanta brutalidad, criminalidad, atrocidad y perversión. Este vacío de espiritualidad en una sociedad apartada de Dios, propicia esta hostilidad recóndita que se proyecta como agresividad y auto destructividad y por ello no hay entendimiento en la nación ni vínculo de cohesión.

Sólo una entrega de todo el ser a Jesucristo dejándose permear por el Espíritu Santo puede producir en cada nicaragüense una nueva criatura nutrida y sustentada por la misericordia y la gracia del Dios reconciliador, cuyo amor derramado en nuestros corazones como rector de nuestras vidas puede extirpar la raíz de nuestros pecados para que viviendo Cristo en cada uno de nosotros vivamos para los demás sin egoísmos, ni soberbias.

La raíz de todo el conflicto que vive Nicaragua y el mundo es la ausencia de un proyecto ético de sociedad que tenga sus raíces en Jesucristo se nutra de su Evangelio liberador y reconciliador y el proyecto se enmarque en su reino de justicia, de paz y verdad, ya inaugurado por Él en la historia.

Sólo con la certeza del perdón diario de nuestros pecados podemos tener la paz ansiada, una paz dinámica, participativa, trascendente de plenitud del ser y bienestar social tan necesarios. Y así hacer las transformaciones del entorno adheridos a la dignidad, libertad, justicia, derechos humanos, solidaridad y tolerancia, para lograr la convivencia que tanto hemos anhelado contruir como voluntad popular, con los valores que se desprenden del cristianismo interiorizados e institucionalizados en las estructura de nuestra sociedad.

Esperamos que las marchas no profundicen los antagonismos hasta perder la visión de lo nacional. Que cese el ping pong funesto de ataques mutuos, no podemos volver a las confrontaciones armadas, sino proseguir construyendo la cultura política de negociación, concertación a través del diálogo y el entendimiento.

Los partidos deben crecer en sus análisis críticos más allá de toda demagogia, buscando siempre propuestas desde posiciones sabias, sensatas, constructivas, propositivas.

Los generadores de opinión, medios de comunicación, intelectuales, Iglesias, deben de contribuir a desmontar la atmósfera de violencia “odiológica”, que se siembran semana a semana. Se debe tener la valentía de reconocer, relevar aquellas políticas y programas de beneficio popular.

El poder ejercido por el Gobierno actual debe propiciar más seguridad y bienestar de los más pobres, más respeto al otro, condescendencia y flexibilidad.

Estamos terminando el Año Internacional de la Reconciliación que ha generado tantos frutos en el mundo, en Estados, gobiernos, sociedades, géneros, culturas, razas, etc, y no puede ser que “al pie del faro sea más oscuro”, por ello, ojala que estas marchas más que dividirnos, culminen en la reconciliación liberadora que tanto necesitamos.
* Rev. José Miguel Torres

*Instituto “Martin Luther King”-UPOLI


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