World March website


World March Blog
23 November 2009

(Español) El cometa de la alegría

(Español) Escribo desde Canarias, desde casa de una colega; en el internado decimonónico donde nos han alojado los organizadores locales no hay wi fi y, pese a haber salido de inmediato en busca de un cybercafé, no he encontrado ninguno en todo el barrio. Desde Tánger no he podido volver a comunicarme con mi gente por Skype. Isabelle tiene garantizada la conexión gracias a un patrocinador, así es como ha podido cargar en todas partes sus bonitos vídeos –trabajando como una posesa, entre otras cosas -; allí donde llegamos los coordinadores locales facilitan dos o tres dispositivos de conexión, pero sólo para la organización y para uso ‘oficial’ –lo que escribe Tony, Juha-, nosotros sólo podemos conectarnos cuando tenemos la suerte de llegar a algún lugar con wi fi, pero es algo que sólo sabemos cuando ya estamos allí. Habiendo dado por descontado que en las islas Canarias Internet no habría supuesto ningún problema, me había comprometido por teléfono a hacer un trabajo no muy voluminoso –ya sabéis lo difícil que es decir que no a una solicitud urgente -, por si fuera poco, pronto volvemos a África y no tengo muchas esperanzas de poder conectarme desde Mauritania o Senegal, por lo que tenía que aprovechar estos pocos días de pausa. De todas formas, me habría gustado seguir al grupo, pero lamentablemente tengo un resfriado colosal y mucha fiebre, así es que he preferido hacerle caso a mi cuerpo y permanecer en cama, con la esperanza de reponerme del todo antes del próximo vuelo.

Desde mi habitación individual en Rabat –estaba asomada a la ventana- vi llegar a la otra parte del grupo a eso de las dos de la madrugada. Durante un rato por las escaleras, en el pasillo, en el piso de arriba,  se oyó retumbar el arrastre presuroso de las maletas, un abrir y cerrar de puertas, alguna que otra voz. Luego de nuevo silencio, un elemento inestimable para quien, como yo, ha vivido casi toda su vida sumida en el silencio y ahora tiene que compartir todo su tiempo, 24 horas al día, con muchas otras personas. A la mañana siguiente estaba cansada, e incluso un poco atontada. Durante el desayuno me presentaron a cantidad de personas que habían llegado con la otra parte del grupo. No había logrado quedarme con las caras de las que habíamos conocido en Tánger y no sabía si también estas iban a ser un espejismo de pocas horas, pero por suerte no fue así. La reunión con un diputado marroquí se habría tenido que celebrar sólo con el EB, pero en la sala había docenas de personas locales, incluso, cosa que encontré muy tierna, algunos niños chicos sentados en las rodillas de sus madres. Fue entonces cuando noté la presencia del intérprete, un chico muy apuesto que traducía del árabe al inglés, con una precisión y una rapidez de auténtico profesional. En cuanto tuve oportunidad de hacerlo le di la enhorabuena, le pedí su email. Hay que ayudar a las personas que lo merecen, y espero poder hacerlo. Una comida frugal y, tras eliminar la parada en Casablanca, otra vez en marcha hacia Marrakech. Kilómetros y kilómetros de camino en alegre compañía. Desde fuera, muchos habrán tomado nuestro autobús como un cometa que iba dejando tras de sí una cola de luz y de cantos. La llegada a Marrakech fue uno de los momentos más emotivos e impresionantes que he tenido la oportunidad de vivir en estos dos meses. Un horizonte de luz contra el cual se perfilaban miles de sombras humanas, recorrido de parte a parte por un redoble constante de tambores. Era como tener en frente a un ejército antiguo listo para el ataque. Puestos de fruta, de pescado, tiendas multicolores, corrillos de tres o cuatro personas en torno a músicos, apenas iluminados por un quinqué dejado en el suelo, bicicletas y landós que salían de pronto de las tinieblas, mujeres con la cara tapada sentadas de dos en dos junto a su hombre, que exponía en el suelo alguna baratija. Otras mujeres, a menudo con un niño chico atado a la espalda, y muchos niños daban vueltas en torno a las mesas de los restaurantes, conformándose con algún mendrugo de pan que había quedado entre los restos de la cena. En sus miradas tristes, pero no exentas de dignidad, volví a ver la atroz posguerra de mi infancia, cuando, a la salida de misa, bandadas de mendigos tendían sus manos pidiendo limosna y yo me avergonzaba, sí, ya entonces me avergonzaba, de ser una niña rica que no podía poner remedio a tanta miseria. Daban vueltas y más vueltas, como perros callejeros, sin pedir nada con palabras, a la espera de un óbolo, casi siempre sólo ese trozo de pan que nosotros, habiendo preferido el pescado con glotonería, no habíamos comido. Pensé en el significado de nuestra Marcha, que habla de Paz y de No Violencia, un objetivo aún lejano para quien ha de conformarse con las sobras de los turistas. Nosotros mismos éramos, así me sentía yo, turistas fugaces que comían sin percatarse de todas aquellas miradas hambrientas. Tras haber dado hasta el último dirham –un gesto que sólo servía para calmar por un momento mi conciencia, pero no su extrema pobreza, que empuja a los más valientes, a los más válidos a abandonar su casa y su familia en busca de un futuro mejor en la rica Europa, tan a  menudo truncado por la muerte en el Estrecho o por la reclusión en campos de internamiento fruto de acuerdos entre Libia e Italia – me levanté de la mesa para hacer alguna foto que me distrajera de aquel pensamiento. Según me alejaba del frente luminoso, se multiplicaban las lámparas en el suelo, lanzando rayos de luz sobre la acera, iluminando desde abajo a las personas agrupadas en corrillos, como en uno de esos cuadros románticos de gitanos reunidos en torno a una hoguera. Volviendo de la plaza hacia el autocar había que cruzar un hermoso parque. Era una noche serena y fresca, pero no había tiempo para disfrutar de ella, teníamos que seguir nuestro camino, el hotel aún estaba lejos. Desde hace dos días partimos hacia metas desconocidas, a distancias que no nos es dado conocer, sólo sabemos que hemos llegado a nuestro destino cuando finalmente el autobús se para. Abajo el equipaje, de nuevo la procesión de maletas, cada vez más nutrida. Tras haber ocupado el cuarto, bajé a charlar un rato. Con Pierre estaban algunos jóvenes marroquíes, entre otros el intérprete. Era tarde, como de costumbre, pero es difícil renunciar a ese rato de intimidad, de auténtica comunicación. La conversación giró en torno a la Paz y a la No Violencia. ¿Cómo es posible que quien vive en territorios ocupados, quien ve matar a sus hijos, quien no tiene medios de subsistencia pueda vivir en paz, pueda mantenerse en la No Violencia? La Violencia es algo natural en el mundo animal del que formamos parte. ¿Pero entonces Ghandi? Ghandi es una excepción. Derrotó al Imperio británico, pero entre India y Pakistán sigue reinando la violencia. De ahí pasaron al Che, a Camus, a Simone de Beauvoir. Un enorme placer haber podido comprobar la presencia en nuestro autobús de esos jóvenes marroquíes de ambos sexos tan bien formados y cultos, fue una profunda satisfacción intercambiar ideas con aquellas hermosas mentes despiertas y claras. Lástima que mi inglés sólo sea mi quinta lengua y me cueste trabajo expresarme como quisiera, pero en realidad lo importante fue escucharles a ellos.

Al día siguiente otra vez kilómetros y más kilómetros en autobús, otra comida frugal en una especie de jardín medio salvaje, una parada en Guelmin para la acostumbrada rueda de prensa y, magnífica idea, una horita en un hammam. No era tan bonito como los de Estambul, pero cumplió su misión, relajando nuestros músculos tras varios días anquilosados en el autobús. Un regalo muy apreciado. La siguiente parada fue igual de grata. Nos paramos en Tan Tan a bailar junto a un sinfín de chicos que, con sus túnicas blancas, nos esperaban alineados a ambos lados de la carretera, tocando palmas al ritmo de los tambores. Una alegría desenfrenada y contagiosa. Niños guapísimos que saltaban y danzaban, que querían retratarse. Como antaño en el campo, se apiñaban en torno a nosotros, nos tiraban de la manga para que les mostráramos las fotos, que les hicimos por docenas, sólo con que nos lo pidieran. Es una pena que no se las pueda enviar a ninguno de ellos, pero guardaré sus sonrisas alegres, como un augurio de Paz. Otra vez al autocar, otra vez en camino, cruzando un desierto invisible tras los cristales empañados de rocío, para llegar hacia las cuatro de la madrugada al Hotel Meka, en nuestra última noche en Marruecos. Al día siguiente, antes de salir para el aeropuerto, eché al correo las postales que les he prometido a mis nietos y que les envío puntualmente, aunque a veces lo haga desde el país siguiente, porque no encuentro sellos o un buzón a mano. No ha sido fácil despedirse de nuestros amigos marroquíes, sobre todo de esos magníficos jóvenes, muy especialmente de mi amigo el intérprete, cuya preparación lleva a tener esperanza en un futuro cada vez mejor para su hermoso país. “Mantente igual de inteligente y que Allah te bendiga”, le dije abrazándole. Me apretó fuerte entre sus brazos sin decir nada y entendí que había logrado sembrar un granito de esperanza en su espléndida mente lúcida.

Salam malecum, Mohammed, que los jóvenes como tú tomen un día las riendas de sus países, bajo el signo de la Paz, de la No Violencia, de la inteligencia.

7 comments to (Español) El cometa de la alegría

  • Maria

    Hola Liliana.
    Haces unas descripciones tan precisas de los lugares por donde vas, que parece que estemos viviendo tu misma experiencia.
    No dejes de contarnos tus experiencias.

  • Mª Carmen

    Liliana, en todos tus escritos nos haces sentir todas tus vivencias, es una maravilla poder leerte. Un abrazo y cuídate.

  • Angelo F.

    Sólo gracias. ;-)
    Incantevole e commovente (lo so, potevo commentare sotto l’italiano, e quello ho letto… lo spagnolo sarebbe dalle parti della mia decima lingua, se ne avessi tante :-) ).

  • Angelo F.

    E poi… rimettiti in forze, per quanto dipende da te…

  • Petra Frost

    Che bell’immagine, questo pullman pieno di luci, voci e canti che come una cometa giuliva attraversa il Marocco. Grazie, Liliana! E spero che domani, quando continuate il vostro viaggio, ti sei gia’ ripresa da questo brutto raffredore. Ma ne sono convinta, conoscendo te e la tua resistenza fisica e psichica:-)

  • Claudia

    Hola Liliana:
    Sigo con mucho interés tu viaje.
    Tus relatos son preciosos.
    Ánimo y mucha suerte.
    Un abrazo,
    Claudia

  • Gracias enormes por hacernos sentir tan cerca de uds con todos sus relatos. Es un esfuerzo, diría yo sobrehumano el que hacen para relatarnos sus vivencias; no resulta fácil en medio del cansancio,dolor de piues, ampollas y el ardor en la piel. Pero de verdad se los agradecemos. Abrazos para todos.