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20 October 2009

(Español) By by Corea

(Español) Ayer volvimos de la zona desmilitarizada a la que, junto con un autobús de unos treinta activistas coreanos, habíamos ido el día anterior en un largo viaje de casi 4 horas. Dormimos allí, en un complejo de reciente construcción con un hermoso nombre, Peace and Life Village, minimalista y muy acogedor. Las paredes exteriores son de color óxido, de formas geométricas, como imitando barricadas o quizás trincheras, pero con espacios abiertos intercomunicados. Las habitaciones también están muy cuidadas. Mi problema ha sido la comida: o picante o increíblemente salada. He ido tirando a base de chocolatinas y de alguna patata frita, pero también ‘picosas’, como diría Charles. Nos han llevado de excursión (es un decir) a la frontera, a un alto desde el que se ve Corea del Norte, pero antes hemos ido a visitar uno de los tres túneles que se encontraron en 1972, 75 y 78. Creo que este era el último. Mi inglés no es nada del otro jueves y, cuando empiezo a entender ya bastante el acento del lugar, resulta que estamos de vuelta en el aeropuerto para marcharnos. Me consuela que a algunos coreanos no les hayan entendido ni los angloparlantes nativos, así es que me disculpo por mis imprecisiones, pero hago lo que puedo.

En la frontera, en la llamada zona desmilitarizada, nos recibieron algunos militares coreanos. Yo esperaba ver a los cascos azules, de los que nos habían hablado, así es que me sorprendió, o más bien me llenó de curiosidad, pero no logré que nadie me explicara por qué no estaban. El soldado, muy amablemente, nos hizo entrar en la sala VIP, por lo menos eso ponía sobre la puerta, guateada y de sky. Junto a ella, en el corredor, desde un poster de buen tamaño un tigre nos miraba con cara de pocos amigos. En la sala VIP, una mesita cubierta con un mantel de cuadros marrón y seis asientos, también de sky. Sentáos, que los coreanos van a otro lado, nos dijeron, y a mí me sonó fatal. El amabilísimo soldado-azafato se molestó en traernos media docena de sillas de un color verde pistacho, ya que la sala VIP en realidad no era mayor que un cuarto de estar donde merendar y hacer los deberes, desde luego no era un sitio para meter a veinte personas apretujadas; luego encendió una televisión, puso un vídeo y salió cerrando la puerta. El vídeo contaba justamente cómo habían descubierto los túneles. ¡Qué difícil responder a sus preguntas! “según vosotros, ¿los túneles son de verdad o de mentira?” Me quedé de una pieza. ¿Y por qué habrían de ser de mentira? Nos dimos una vuelta por una galería en un trenecillo mientras desde atrás una voz explicaba el cómo y el porqué del túnel. Luego subimos a lo alto de una montaña para ver la puesta de sol, aunque en realidad no la vimos, y nos metieron en un salón semicircular completamente acristalado desde donde ‘disfrutar’ con la vista de Corea del Norte, esto es, un paisaje de montañas yermas sin señales de vida. Otro soldado nos iba explicando un segundo video en coreano, así es que todo lo que entendimos es que señalaba una cascada, un paso, en fin, lo mismo que estábamos viendo con nuestros propios ojos. Hacía frío y el viento arreciaba.

Al día siguiente, esto es, antes de ayer, volvimos a Seúl y fuimos directamente a comer a un restaurante. Lo siento por nuestros anfitriones que no han podido recibirnos mejor, pero la comida volvió a ser un problema para mí. Menos mal que nunca tengo hambre y he podido aguantar mejor que otros que desde hace dos días sólo han podido aplacar el estómago con algo de pan de molde y mermelada.

Tras la comida nos llevaron a un barrio en el que en enero murieron cinco hombres en un incendio doloso. Según parece, vivían son sus familias en casas viejas  en una zona muy golosa para los especuladores inmobiliarios, que intentaron echarles a toda costa dándoles cuatro cuartos para luego construir rascacielos con un precio de venta por metro cuadrado superior al de Nueva York. Aunque nos dijeron que en realidad el fuego había servido para ocultar la auténtica muerte de esos hombres, cuyos cuerpos chamuscados aparecieron hechos cachitos. Desde entonces la casa está en ruinas, a través de las ventanas sin cristales aletean unos visillos lacios y descoloridos y el lugar se ha convertido en punto de peregrinación de muchísimos coreanos que van a rezar o a llevar flores. Permanecimos allí unas tres horas, con nuestra pancarta y nuestras banderas, sentados en medio de la calle, sacudidos por un viento implacable. Había curas, monjes y monjas de todas las religiones, entre ellos ‘nuestro’ monje, el del  monasterio budista donde dormimos la primera noche, un tipo alto y simpático vestido de gris con los zapatos y el bolso a juego, unos ojillos vivos ocultos tras las gafas de sol y un hermosísimo lazo cruzándole el pecho. De repente desde una calleja, empujada por el viento, fue avanzando a empujones una silla de plástico de ese mismo color gris, como si le fuera buscando a él.

Uniformados en otro tono de gris no tan perla, había unos cuarenta antidisturbios apostados en la esquina de la calle. Tranquilos, nada marciales. Hacían turnos, a cada rato se iban una docena de ellos y llegaban otros de reemplazo. Nosotros en cambio estábamos todos allí sentados como un solo hombre, pese a estar tiritando.

Tras los discursos de los curas, de los monjes y de los familiares de los muertos, tres chicas semidesnudas y descalzas (¡con aquel frío!) hicieron una pequeña representación en la que todos acabamos bailando, cogidos de la mano de los monjes y los curas. Luego nos fuimos a la plaza del Ayuntamiento, donde un conjunto tocaba en nuestro honor. Mientras bailábamos en el césped nos dimos cuenta de que en la acera algunos soldados rodeaban a tres o cuatro personas. Se trataba, nos dijeron, de familiares de los muertos que iban también a la plaza y habían sido retenidos por los militares, quienes les acusaban de haber robado un móvil, pero negándose a cachearles, porque naturalmente lo del móvil sólo era una excusa para cargarse el acto. Ellos gritaban que eran inocentes, pero los soldados ni siquiera les miraban. Lo que a nosotros nos parecía inaudito era que algunos de los militares hicieran fotos y vídeos de las personas que tenían rodeadas, como si, en vez de soldados, fueran meros turistas. Cuando el conjunto dejó de tocar, volvieron de nuevo los monjes y todos empezaron a recitar lo que a mí me pareció una oración, seguida de un ritual en el que se saludaban unos a otros, juntando las manos, abrazándose y finalmente a cuatro patas hasta tocar la hierba con la frente. Había que saludar a todo el mundo, por lo que decidimos ir a saludar también a los soldados. La primera en ir hacia ellos fue Montserrat Ponsa, yo la seguí pero, en lo que saludaba a los viandantes, ya había penetrado en el círculo de los soldados y estaba abrazando a las personas retenidas, así es que, apreté el paso y, dándoles un par de codazos a los soldaditos de plomo, me metí yo también. Tras salir del cerco, junto con Charles y Sinthya decidimos rodear a los soldados, desplegando la pancarta de la Marcha. Nos habría gustado que viniera la gente que seguía rezando y bailando en el césped, pero parecía imposible, o simplemente inoportuno, interrumpirles. Alguien nos dijo que esperáramos veinte minutos, hasta que acabaran de rezar, pero nosotros seguíamos allí con nuestra pancarta, cogidos de la mano. Dentro del círculo hubo algún movimiento, alguien gritaba, hubo empujones. Llegaron nada menos que seis autobuses de los que empezaron a bajar tropecientos antidisturbios, como un hormiguero, reforzando el cerco en torno a los retenidos. Nosotros estábamos tranquilos, manteniendo nuestra pancarta desplegada, junto a los familiares, que comenzaron a gritar eslóganes. De golpe, sin decir ni esta boca es mía, los soldados se pusieron a correr hacia los autobuses, dejando libres a las personas retenidas, pero estas les perseguían gritando, según parece, que querían ver reconocida  su inocencia. Se liaron a empujones con los soldados (muchos de los cuales seguían, pese a todo, sacando fotos y grabando vídeos…), hubo quien se lió a golpes con los autobuses. Yo también grababa, desde luego ningún material de premio, pero me sentía a mis anchas en medio del fregado, casi casi como una corresponsal de guerra… Confieso que me quedé de una pieza cuando nuestros amigos coreanos vinieron a darnos las gracias con gran entusiasmo. Según decían, nuestra actitud había provocado una llamada de las alturas ordenando que soltaran a los retenidos, algo que hasta entonces nunca había pasado, porque normalmente los encierran unos cuantos días, o incluso más.

Hoy por la tarde hemos participado en un forum por la paz. Montse ha contado muy sucintamente lo ocurrido y ha dicho que, al abrazar a los detenidos había notado cómo latían sus corazones, mientras que al abrazar a un soldado su cuerpo le había parecido rígido e inanimado. Tras el Forum ha habido una cena de despedida en nuestro honor. Una señora ha querido conocer personalmente a Sinthya. Ayer, le ha dicho, mi hijo me contó lo que pasó en la plaza del Ayuntamiento. Es un soldado, y a mí me pesa mucho. Me ha contado que le abrazó una señora y que sintió una profunda emoción. Por como me la ha descrito, creo que es usted. Sabía que hoy iba a venir al forum y quería que le diera las gracias.

A los chicos coreanos les toca hacer dos años de ‘mili’ en la policía y eso, en mi opinión, también es una forma de violencia. Me gustaría creer que nuestra presencia ha servido para dejar una pequeña semilla de solidariedad.

3 comments to (Español) By by Corea

  • Petra Frost

    Cara Liliana, bellissimo questo racconto. E’ un piacere potervi seguire in questo modo. Continuate a raccontarci tutti i giorni…:-) e buon viaggio in Russia!

  • Queridos amigos

    Hace unos minutos Participe de un programa radial en donde los testigos sobre la Marcha Mundial por la Paz, como lo hago habitualmente, en Radio 91,3 Resurrección, Argentina, en línea quiero referirme a y sus gestosis su marcha en Corea, y en la zona desmilitarizada. Los hombres han peleado allí si Ideologías y por los han dividido por ellas. Ustedes mostraron en su abrazo y los seres humanos cercanos al soldado, que la mirada y el qué se debe el gesto en verso como es el de personas. Yo me mando un abrazo emocionado a ustedes, llegar y un símbolo si hago todas SEE personas que no Pueden abrazarse Porque Están separadas por un muro de muerte. La fuerza del amor supera todo lo material. Puede pared Ningún Impedir que yo a Través de mi oracion y mi mente le de un abrazo a quien está lejos mio.

    A abrazado deja de ser humano ser mi enemigo.

    Julio Daniela Nardini

  • Lia Desotgiu

    Grazie, Liliana. Ho provato a scriverti ma forse non ti è arrivata la mia mail… comunque ti seguo, vi seguo e vi ringrazio.
    Lia (invidiosissima, oltre che grata)